El rasgo más destacado de la ciudad de Cuenca es su belleza que surge, por un lado, de la armonía entre naturaleza y espacio arquitectónico y, por otro, de su larga trayectoria histórica que nos ha dejado un importante legado cultural y monumental.
El 6 de diciembre de 1996, Cuenca fue declarada por la UNESCO Ciudad Patrimonio de la Humanidad, gracias a su magnifica preservación del paisaje urbano original herencia de fortaleza medieval; su rica arquitectura civil y religiosa legada desde los siglos XII al XVIII, y a esa excepcional fusión de la ciudad con el bellísimo entorno natural en la que se enclava. Pasado y presente, naturaleza y cultura, contribuyen a configurar un paisaje hermoso y original. Patrimonio cultural y patrimonio natural se complementan y ofrecen al visitante una oportunidad para la sorpresa.
La singularidad de Cuenca se debe al original entramado de su planta y caserío, sus conventos e iglesias, sus restos de murallas, su luz y su paisaje. Las altas y voladas casas, construidas al borde de un abismo rocoso, perfilan una imagen idílica que rememoran y posteriormente ensalzan viajeros, pintores y escritores.